¿Estamos seguros en San Marcos?
El discurso que ofrecía Miguel Angulo en sus clases de Epistemología, era mesiánica, llena de esperanza, respeto y humanidad: “Sé que en la sociedad todos corren peligro, pero lo que sí quiero es que, por lo menos, en la universidad se sientan seguros”. Ese mensaje inspiraba confianza, seguridad y una sensación de que no pasaría nada malo, por lo menos no sucedería en la ciudad universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sin embargo, ese discurso se desmoronó por sílabas el martes once de noviembre, cuando el joven José Roberto Ticse Béjar logró entrar por la puerta 3 de la universidad.
El discurso que ofrecía Miguel Angulo en sus clases de Epistemología, era mesiánica, llena de esperanza, respeto y humanidad: “Sé que en la sociedad todos corren peligro, pero lo que sí quiero es que, por lo menos, en la universidad se sientan seguros”. Ese mensaje inspiraba confianza, seguridad y una sensación de que no pasaría nada malo, por lo menos no sucedería en la ciudad universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sin embargo, ese discurso se desmoronó por sílabas el martes once de noviembre, cuando el joven José Roberto Ticse Béjar logró entrar por la puerta 3 de la universidad.
| Lugar donde Sofía fue acosada por José |
Con cabello corto -
característico de un militar - casaca impermeable verde petróleo, pantalón azul
jean y una mochila verde; José Ticse entró a San Marcos. No era alumno de San
Marcos, sino el hijo de Cornelio Ticse, docente de la universidad. El personal de seguridad solo le dio un par de
palmadas a la mochila del joven y lo dejaron pasar. Error hiperbólico. La
consecuencia de aquel acto rompería con la imperturbabilidad en la ciudad
universitaria.
Sofía Sánchez caminaba entre las
facultades de Derecho y Economía. Era su primer año en la universidad, por lo
tanto, cachimba. Sentía que la desgarraban con la mirada, una mirada externa. Se
sentía observada por una persona desconocida. No sabe cómo explicar esa
sensación.
En el ambiente se escuchaban
silbidos apocalípticos, miradas de pecado que escaneaban a Sofía y una actitud
desafiante. Estos tres componentes tenían un mismo origen: José Ticse. Incluso,
la misma actitud desafiante lo llevó a tomar una decisión bastante
inconsecuente: un beso en la mejilla, un beso que traiciona más que el beso de
Judas, un beso que destruye la seguridad en la universidad.
Sofía se sintió atacada,
humillada e impactada por todas las actividades que hacía José. Por única vez,
en esta historia, la frase de Angulo se materializaba en un acto de solidaridad.
Un compañero de Sofía acudió en su ayuda. Encaró al hijo del profesor Cornelio.
“Porque quiero y porque puedo” contestó
desafiante el joven Ticse. Entre malas decisiones, tomó una peor. Sacó un
cuchillo del interior de su mochila y comenzó a perseguir al compañero de Sofía
por las instalaciones de la facultad de Derecho Y la facultad de Economía.
Estudiantes y trabajadores detuvieron a José Ticse. Este fue llevado a la comisaría de la Unidad Vecinal 3°. El padre Cornelio brindó un mensaje a los medios diciendo que "él es un poco violento"
La universidad se pronunció y colocó unos "detectores de metales", los cuales suenan cada vez que alguien pasa.
Estudiantes y trabajadores detuvieron a José Ticse. Este fue llevado a la comisaría de la Unidad Vecinal 3°. El padre Cornelio brindó un mensaje a los medios diciendo que "él es un poco violento"
La universidad se pronunció y colocó unos "detectores de metales", los cuales suenan cada vez que alguien pasa.
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